Revisando las 210 publicaciones registradas en una lista es que me pongo a pensar en las razones por las que empecé a hacer esto. Es inútil pelearlo, supongo que nuestra especie se caracteriza por guardar cosas, cual ardilla que amontona semillas. Pero ¿y las cosas que no son comestibles ni serán una herramienta (un martillo, una roca, el abrigo? No lo sé, y definitivamente ordenando más de 200 publicaciones (entre fanzines, libros interesantísimos, panfletos, afiches, hojas de sala) no encontré ninguna respuesta más que: por que sí. Con seguridad acepto que dentro de la archivística y probablemente la arqueología habrán cientos de respuestas, pero con la experiencia vivida de clasificar esos doscientos y resto de papeles, ponerles un código, llevar un inventario en una hoja de cálculo, sacarles fotos y sufrir tratando de descifrar el título de algunos, sigo insistiendo que la respuesta es un: por que sí.
No sé por qué empecé a hacer esto, pero tampoco quisiera encontrar una respuesta. Guardar las pequeñas cosas que no entran en una biblioteca tradicional me parece un deber que me inventé y me queda justo (ignorando el hecho de que no tengo más espacio en los estantes de mis libreros, ni un cuarto propio). También he de guardar las grandes, las insoportablemente incómodas publicaciones o impresiones de algún evento o bien del capricho de alguna persona. La cachivateca es eso, una biblioteca de cosas absurdas y preciosas que no tenían lugar en una librería, en el mueble de la casa, en una tienda, o en un anticuario. Son justo esas cosas que podrías llevar en los bolsillos o en tu mochila durante meses. Es eso que puede vivir dentro de un libro como señalador, o como decoración temporal en un cuaderno. Es un regalo que no entendiste en el momento, o algo perdido en el tiempo que se desubicó en la cadena del papel. Que se yo, un montón de cosas.
Probablemente empecé por las publicaciones de personas cercanas o cosas bellas que veía en ferias de arte impreso. Las tenía en mis manos, luego en casa, en el librero encontraban hogar, pero no seguían la lógica de los libros: ¿cómo puede lucirse un hermoso y delicado fanzine en un librero, sin un lomo que indique su título? Además que el papel en el que suelen ser impresas estas eclécticas publicaciones no aguanta igual que un lomo de libro. Se van dañando con el tiempo. He entonces aquí el nacimiento de la proto-cachivateca: una bolsa de plástico que va acumulando papeles y diferentes publicaciones sin criterio más que su fragilidad ante la intemperie. ¿Cuántas proto-cachivatecas hay en el mundo? Cada persona que conozco en el mundito de la impresión y el arte impreso tiene su versión, algunes alguna cajita, una bolsa más coqueta, pero al fin, siempre lo mismo. Así es que nació la cachivateca, y así es que doy fe que nacen las fanzinotecas.
Por supuesto que fanzinoteca es un término que podría caberle a la caja de plástico repleta de papeles y carpetas que llamo con cariño "cachivateca", pero la verdad es que ya han entrado tantísimas cosas que le queda corto ser solo el lugar donde se guardan los fanzines. Acá la definición se extiende para abarcar quizás demasiado: libros de interés alrededor del mundo de la edición artesanal, bellos ejemplares de libros hechos a mano que implican especial cuidado, qué se yo, son tantas cosas. Y quisiera decir que es solo por el amor a la preservación que este proyecto ha nacido, pero más bien estoy a favor de la corrosión: quisiera siempre cuidar cada publicación y papel que habita esta biblioteca, pero también deseo que cada ejemplar encuentre un par de manos que lo revise incesantemente, que lo vea al derecho y al revés, que se desgasten las esquinas de un fanzine que ha sido solicitado un sinfín de veces.
Y creo que es por eso que cachivaches me parece el mejor término para definir lo que sea que guarda esta biblioteca. Ese montón de elementos, objetos, pedacitos que parecieran no tener un sentido pero que tienen historia y vida propia cuándo nos sentamos a observarlos. Y que necesitan fervientemente de alguien que los observe y les preste atención para tener sentido. Quizás la connotación negativa que tiene la palabra cachivache puede distanciar a algunas personas, ¿por qué temerle a lo cachivachoso, a lo "inservible"? Yo recuerdo pasar horas y horas en la habitación del fondo de la casa de la infancia, la famosa "pieza de los cachivaches", donde habitaban electrodomésticos dañados, fotografías viejas, ropa de invierno, papeles y cartas por doquier, cuadernos viejos, los adornos navideños, la caja de herramientas. Nunca fueron cosas inservibles, para algo sirvió la pata de algún mueble viejo, las herramientas siempre las necesitábamos, solo que no tenían otro lugar, los adornos navideños coloreaban la casa una vez al año, y las cartas y cuadernos... Esos eran mi perdición, por supuesto que servían.
En fin, esta entrada de blog es una excusa para ponerme a ordenar este proyecto absurdo pero precioso en él que me he encaminado. Un proyecto aumentado por la curiosidad y también por el cariño de quienes lo conocen: quienes le han donado un fanzine, quienes han guardado alguna cosa rara para luego darsela a la cachivateca, quienes piensan en nosotrxs cuando están en otro país y dicen: encontré este fanzine para vos! Más de 200 publicaciones, una GRAN parte de esas de este territorio que habito, al sur de Nicaragua y al norte de Panamá, ahí por los 8° y 11°15′, de latitud norte, y 82° y 86°, de longitud oeste. Y la otra parte traída con los viajes, con las búsquedas en las librerías de usados, y también por supuesto, un pequeño pedacito de la tierra al pie de Los Andes que me vio nacer.
Ahí seguiré contando, espero. Bienvenides a la unidad virtual de la cachivateca, que es solo un pedacito. Nos vemos.
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